sábado, 2 de octubre de 2010

Al final 300


(Al final) 300 de la (re)pública (por necesidades del servi..)

Cuando Leónidas acabo de redactar el cupo para la batalla sintió como un hormigueo en el estómago. Pero enseguida se sobrepuso. Al final, tirando por lo bajo, habrá matriculados por lo menos 100.000 persas. Si yo pido solamente 3000 funcionarios, aunque me coloquen unos miles de interinos…
Al amanecer le despertó el mensajero de los meforros de Espinetes llegados desde la madre patria. Antes de leer el mensaje que, aprovechando las nuevas técnicas, le enviaba el meforro de adiestramiento, no pudo evitar detenerse a admirar el soporte de la información. En vez de los mugrientos papiros habituales venía todo en unas planchas de plomo que, eso sí, pesaban un huevo. Y todo adornado con grecas, figuritas y cenefas. Claro, por eso había tardado el mensajero tres días más.
Cuando pudo apartar la vista de aquellos oropeles no dio crédito. Le concedían “cuatrotrescientos”, que al final son 300. A esto se añadirían unos tebanos y tespianos interinos en numero “que ya se verá”. Que sí, que había muchos que querían ir, comentaba el meforro, pero no había para espadas. Y él, si no eran las espadas de su taller favorito, prefería ir con un palo. ¡Y como eran tan caras! ¡Y como él no iba!
Murmurando un “¡Si será…!, ¡si será…!” empezó a hacer sus cuentas. Le tocaba a minuto por persa. Y eso que con los fenicios y los jonios aún se entendía uno, pero con los etíopes y los egipcios… y los bactrianos que venían muy mal educados. ¿Y qué ocurre? Pues que te da tiempo a darle un empujón y decirle “¡Oye tú!” y como tardas media hora en volver se te aburren y montan bronca. Y los etíopes que si les haces más caso a los egipcios y los hindúes que si los árabes son tu ojito derecho, y el follón. Y el meforro: “que no, que no, que os ponéis unas horitas más…”
De todo esto se acordaba el pobre Leónidas maldiciéndose por estar en la pública pudiendo haberse ido a jonia a ponerse a las órdenes de algún sátrapa de los que se forraban haciendo trabajar a sus súbditos de sol a sol mientras igual les llevaban vino al despachín que repartían mamporros entre “los matriculaos”. Y siempre te llegaba la “bolsita” del Rey.
Pero, como no hay mal que por bien no venga, pronto se vio en pleno combate y le salían unos mandobles buenísimos de pura mala leche. Eso sí, se estaba pelando los codos de darse contra la roca. “Y mira que les dije que me hicieran el desfiladero más ancho que aquí no se cabe…”. El meforro tenía respuestas para todo: “Mira, en esto tienes hasta una ventaja. Porque como está más estrechito te vienen de pocos en pocos”.
Y ahora, ¿qué pasaba? Pues sí, que cuando parecía que había puesto un poco de orden, a los persas se les estaban matriculando más. ¡Pero si no se vale! ¡Que ahora el meforro no me manda más plantilla!. Ah, pues ahí no los vamos a dejar, que luego nos saquean los campos y se dan a la bebida.
En estas estaba cuando notó un golpecito en la espalda. ¡Y ahora qué! Señor, que los foceos se retiran, que se les ha acabado la sustitución, como son interinos… ¡Pues pídeme otros! ¡Huy, si los mandan, mínimo quince días! ¿No se acuerda de que para los últimos muertos no mandaron porque, una vez muertos, se olvidaron de rellenar los papeles para pedir la baja?
¡La gran chingada! ¿Sabes que te digo? Estoy deseando que me jubilen los persas ya mismo. Y con estas se desplomó con una sonrisa pícara en su rostro. Aunque al final se le torció. Y es que estaba pensando “¿Al final llevo veinte años cotizados…? Porque yo empecé en el gamelion y el contrato me lo hicieron hasta el muniquion y, como estuve cautivo tres años que no cuentan…”
“Bueno, pues este año está salvaó”. Así comentaban los esbirros del meforro de adiestramiento mientras volteaban las palas sobre la tumba del Leónidas. “¡Y se quería jubilar!, si está hecho un chaval. Esto con unas vacaciones…”
¡Qué poco esperaba Leónidas, en su plácido viaje por el reino de los muertos, al lado del simpático Caronte, ¡tan calladito y tan formal!, mientras éste con su pértiga agitaba el fondo de la laguna…! “¡Leónidas!, ¡que te quedan cuatro años!”. Y en ese momento pasaba, haciendo casí zozobrar al pobre Caronte mientras mostraba su dedo anular inhiesto y sus ojos centelleantes, pasaba, digo, una motora en cuya cubierta los afortunados que se habían podido pagar una privada en vez de la pública de Caronte festeaban tomando néctar y ambrosía y otros productos prohibidos a los mortales… sin recursos.

martes, 5 de enero de 2010

Por fin buenas ideas para mejorar la disciplina: normativa sobre altillos, tarimas y peanas

Permitidme que comparta con vosotros parte del gozo que siento ante las novísimas propuestas de nuestra esclarecida guía espiritual:

Supongo que os habréis enterado con alborozo de las innovadoras y prometedoras medidas propuestas por nuestra gobernanta a fin de incrementar nuestra autoridad Como maestros. Ya me pareció espectacular el hecho de insuflarnos el grado de autoridad. No veo el momento de sentir una lengua de fuego descendiendo sobre nuestras cabezas. Supongo que nos revestirá de algún aura especial para que sea reconocible por padres y alumnos. Conociendo a nuestra insigne benefactora creo que debemos prepararnos no obstante para que aproveche para ponernos al frente a otras posibles tarea como mediar en conflictos de las comunidades de vecinos o regular el tráfico en los aledaños de los centros.

Pero hoy mismo he quedado sobrecogido por dos nuevos destellos de ese ilustre cerebro que tanto cuida de nosotros. La idea de poner tarimas, pedestales, peanas y altillos sobre los que nos situemos a fin de vigila mejor a nuestro rebaño. ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes? ¡Es una forma tan fácil de acabar con la indisciplina! y mucho más barata que dotar a las plantillas del cupo suficiente, conseguir instalaciones adecuadas, bajar las ratio, etc. En todo caso estoy ya elaborando un protocolo de alzas, altillos y alacenas teniendo en cuenta que la tarima de los jefes de estudio debería ser algo más alta, así como las de los tutores en sus respectivos grupos.

Se puede solucionar fácilmente con un sistema de escalones o plataformas giratorias elevables. Perdonad que me meta en detalles pero es que no veo el momento de implementar estos avances científico-pedagógicos. También he pensado que, ya que esta ventaja se pierde al cambiar de clase o en los patios, sería mejor utilizar zuecos o coturnos que nos permitan mirar a los alumnos desde arriba con el efecto psicológico de dominio y prevalencia. Algunos compañeros más bajitos quizá debieran recurrir a zancos que se pueden disimular bajo los pantalones o faldas largas. Creo que hay unos dispositivos con muelles que, de paso, podrían disminuir el tiempo para desplazarse de un edificio a otro.

No debiera desdeñarse otra seguna posibilidad ya ensayada con éxito entre las jerarquías de la iglesia: EL GORRO ALTO que aumenta la estatura moral del que lo porta e intimida al resto. Es cierto que se pierde la panorámica para vigilar a los pupilos pero nuestros compañeros de tecnología podrían implementar un sistema de periscopio fácilmente con un par de espejos.

El segundo fogonazo de este fénix de los ingenios que tenemos el privilegio de disfrutar como gobernanta es el protocolo de conseguir que los alumnos se levanten al vernos entrar en clase y nos saluden. ¡Si yo hubiera sabido esto hace unos años! Porque el problema no es que no nos saluden porque no nos tienen respeto sino que, ahí está la impagable genialidad de nuestra directora espiritual, hay que darle la vuelta: ¡no nos tienen respeto porque no nos saludan! Esta perla de la psicología tiene, curiosamente, también la virtud de ser gratis. A no ser que haya que hacer unos seminarios para instruir a profesores y alumnos en la coreografía del saludo.

Solo me permitiré sugerirle a nuestra insigne superiora algunas propuestas y flecos a mejorar, desde la más humilde servidumbre. También los profesores en claustros y reuniones debieran ponerse en pie al entrar el Jefe de Estudios o el Director/a y en los departamentos cuando entrara el jefe de cada cual. Si el jefe de estudios entra en un departamento se pondrá de pie el jefe de departamento y luego el de estudios se sienta y se pone en pie y se vuelve a sentar. Jefe de departamento y tutor se pondrán de pie al entrar el jefe de estudios y luego primero el jefe de departamento, luego se sienta y se levanta el tutor y al final se sientan todos. Cuando se reúna el equipo directivo se pondrán de pie primero los jefes de estudios adjuntos, luego secretario y jefe de extraescolares, jefe de estudios y por último, por solidaridad, el propio director. Si en estas entra el inspector se levantarán todos y se irán sentando en orden inverso al descrito supra. Si entrara en ese instante cargo político importante o persona de la familia real se cogerán todos de la mano y harán una genuflexión.

Esto es un primer boceto pero ahora mismo voy a seguir pergueñándolo y espero tener una normativa para el próximo lunes. No quiero dejar de destacar que todo este protocolo dotará a nuestros centros de una coreografía vistosísima que hará las delicias de padres, alumnos y el resto del personal así como aquellos conciudadanos que puedan observarlo desde la calle.

En estos instantes me pongo de pie ante el teclado en señal de respeto ante vosotros y en esta actitud pulso el botón de enviar el mensaje.